Ni yo me entiendo, y me doy el lujo de enojarme cuando la gente se preocupa por mí. No sé ni lo que yo mismo quiero. Pongo los defectos por encima de todo, no veo la mitad del vaso lleno.
Algunas veces siento que es distinto, que esa situación va a ser especial y no me voy a cansar como me canso de todo, pero ese sentimiento es efímero: siempre vuelvo a lo mismo.
Creo y no exagero, que nací para vivir sin compromisos. Y no lo digo quejándome: me gusta. Me gusta estar solo, pensar, buscarle explicación a cosas que jamás voy a entender (como lo que estoy contando ahora).
Siempre arruino todo, después me arrepiento y muchas veces lo recupero (éstos son mis únicos instantes de cordura total). Y me vuelvo a cansar y lo vuelvo a arruinar.
Excepto cuando estoy con mis amigos, todo el día pienso en que me gustaría estar en la cama, en la más bella soledad y tranquilidad.
No me gusta la multitud, odio a las masas. Intento siempre salir, diferenciarme (agradezco a Dios ser de Platense y no de Boca o River, no podría serlo). Prefiero pescar a estar en una fiesta vulgar con cientos de personas iguales haciendo las mismas cosas.
Dicen que la felicidad son momentos, pero en mi caso es al revés. Yo soy feliz, soy feliz siempre, excepto cuando pienso en todo lo que detallé en estos renglones.
Concluyendo, todo lo que expresé no tiene sentido alguno, porque no logré explicarme nada. Pero lo importante no es entenderlo, sino seguir intentando hacerlo, porque cuando no nos preguntamos "por qué?", nos transformamos en máquinas que lo único que hacen es vivir.
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1 comentario:
Me gustó lo que escribiste :)
Tenés razón, por eso tenemos blog y no flog, por eso nos gustan Las Pastillas del Abuelo :) jaja.-
Un beso.
Pasá si tenés ganas.
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